Es muy citada la conversación de Alicia en el País de las Maravillas:

-¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?

-Depende mucho del punto adonde quieras ir.

-Me da casi igual dónde.

-Entonces no importa qué camino sigas.


Es cierto que nunca hemos tenido más posibilidades que ahora de viajar, de estudiar, de cuidar la salud, etc. ¡La tecnología nos permite hacer tantas cosas! Pero como decía alguien, vivimos en una sociedad rica en medios, pero pobre en fines. ¿Cuál es la meta de nuestra vida?


En una viñeta de Mafalda hay un accidente de tráfico donde un coche se estrella por exceso de velocidad: "otro que quería comerse el mundo", comenta Mafalda. No somos pollos sin cabeza, necesitamos saber a dónde vamos, tener una meta, una esperanza que nos haga resistir frente a los obstáculos. Todos estamos de acuerdo. Pero ¿cómo saber cual es la meta acertada? El autor ateo Bertrand Russell dijo una frase que en nuestra época tiene poca aceptación, excepto para los creyentes. Dice: "A menos que se dé por hecho la existencia de Dios, la búsqueda del propósito de la vida no tiene sentido". Como en nuestra época se nos adoctrina con el individualismo, esta idea no se acepta. ¿Qué quiero ser? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Cuáles son mis metas, mis anhelos, mis sueños para el futuro? El individualismo propugna que cada uno debe encontrar su propio sentido a la vida, y esta idea nos atrae con gran fuerza, pero es tremendamente engañosa. Contrario a lo que dicen muchos libros conocidos y películas, no encontramos el sentido de la vida buscando en nosotros mismos.


Hay muchos libros que sugieren maneras de descubrir el propósito de la vida. Todos podrían ser clasificados como libros de "autoayuda" porque hablan del tema desde un punto de vista egocéntrico. Libros de autoayuda, incluyendo cristianos, generalmente ofrecen los mismos pasos predecibles para encontrar el propósito de la vida: Considera tus sueños. Clarifica tus valores. Fija algunas metas. Date cuenta qué es bueno. Trata de lograr grandes cosas. ¡Empieza! Sé disciplinado. Confía en que puede lograr sus metas. Envuelve a otros. Nunca te des por vencido. En efecto, estas recomendaciones muchas veces producen un gran éxito. Podemos generalmente tener éxito en realizar una meta si nos proponemos hacerlo. ¡Pero ser exitoso y cumplir el propósito de la vida no son la misma cosa en absoluto! Podemos lograr todas nuestra metas personales, tener un éxito rotundo de acuerdo a los ojos de los demás, y, aún así, no encontrar los propósitos para los cuales Dios nos creó. Necesitamos más que consejos de autoayuda.

Muchas personas tratan de usar a Dios para lograr su propia autorrealización, pero eso es poner la naturaleza al revés y está destinado al fracaso. Hemos sido hechos para Dios, no viceversa, y la vida es acerca de permitir que Dios nos use a nosotros para Sus propósitos, no que nosotros lo usemos a Él para sus propósitos.


¿Cómo descubrimos el propósito para el que fuimos creados? Una vez dos excursionistas iba por el campo, tenían que atravesar unas montañas para llegar a su destino. Iban siguiendo el mapa que llevaba uno de ellos. En un momento se encontraron con un lugareño que se conocía muy bien el camino, pero que variaba respecto al mapa. Les explicó que aquel mapa debía ser viejo, que había otro camino mucho más directo, y se ofreció a seguirles. Pero el poseedor del mapa no se fió, prefería seguir su mapa. Y los dos excursionistas se separaron. El lugareño y el que le acompañó llegaron fácilmente a destino. Del otro excursionista no se volvió a saber.

¿Entonces, cómo descubrimos el propósito para el que fuimos creados? Sólo tenemos dos opciones. La primera opción es la especulación. Esto es lo que la mayoría de los individuos escogen. ¿Para qué estoy aquí en la tierra? Se hacen sus conjeturas, se hacen sus suposiciones, se hacen sus teorías. Por miles de años, brillantes filósofos han discutido y especulado acerca del significado de la vida. Dichosamente, existe una alternativa a la especulación sobre el significado y el propósito de la vida. Es la revelación. Podemos descubrir lo que Dios ha revelado acerca de la vida en su Palabra. La manera más fácil de descubrir el propósito de un invento es preguntarle a su creador. Lo mismo es verdad para descubrir el propósito de tu vida: pregúntale a Dios. Dios no nos ha dejado en la oscuridad para que andemos con dudas y en incertidumbre.


El Evangelio, como hacen otros libros, no trata de cómo hacer cosas para triunfar. Al contrario, enseña cómo hacer menos en la vida, enfocándose en lo que más importa. Es acerca de llegar a ser lo que Dios quiere que seamos.

San Pablo escribió a los colosenses la siguiente frase: "en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; todo fue creado por medio de él y para él" (Col 1, 16). ¿Acaso nos hemos creado a nosotros mismos? Por eso, no podemos decirnos para qué fuimos creados. Sólo nos lo puede decir el creador. Hemos sido creados por Dios y para Dios, es la gran luz de nuestra fe. Como los excursionistas, no podemos llegar a la conclusión de nuestro exitir centrándonos en nosotros mismos. Sólo en Dios encontramos nuestro origen, nuestra identidad, nuestro sentido, nuestro propósito, nuestro significado y nuestro destino.

Para descubrir nuestro propósito en la vida tenemos que dirigirnos a la Palabra de Dios, no a la sabiduría del mundo, a la oración, no a la psicología popular. Dios "nos escogió en El antes de la fundación del mundo" (Ef 1, 4), escribe san Pablo a los efesios. Mucho antes que oyéramos de Cristo por primera vez y empezáramos a tener esperanza, él tenía sus ojos puestos en nosotros.

Por tanto, descubrimos nuestra identidad y nuestro propósito a través de la relación con Jesucristo. ¡Él planeó nuestro propósito antes de que existiéramos y sin nuestras sugerencias! Podemos escoger carrera, cónyuge, pasatiempos y muchas otras partes de la vida pero no tenemos la opción de decidir nuestro propósito. Y el propósito de nuetra vida cabe en un propósito cósmico más amplio que Dios ha diseñado para el resto de la eternidad.

Alguna vez todos nos sentimos en la oscuridad acerca de nuestro propósito en la vida. Es un momento de suerte, porque entonces estamos más cerca de descubrir algo mucho más grande que nosotros mismos.


Ante tu presencia, Señor, me doy cuenta: todo tuvo su comienzo en Ti y encuentra su propósito en Ti. Ayúdame a recordarme muchas veces que la vida es en realidad acerca de vivir para Ti y no para mí mismo.

María Santísima, sólo Tú dijiste "he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra".




Ha llegado el frío, propio del otoño. Pronto veremos la caída de la hoja de los árboles, y cómo muchas plantas mueren. Es un ciclo que vemos repetirse todos los años, pero de gran belleza, porque sabemos que a la muerte natural le sigue un renacer de la vida en primavera, y lo comprobamos todos y cada uno de los años de nuestra vida.


Jesús, en el evangelio emplea esta imagen de la naturaleza: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. Dios, creador de la naturaleza, de las plantas, de las estaciones, nos muestra en el Evangelio, un nuevo sentido, que nos compromete.

Jesús, con esta frase del grano de trigo nos está describiendo lo que ha de ser nuestra vida, porque así ha sido la suya. Y nos compromete. Es conocida la diferencia entre implicarse y comprometerse según un plato de huevos con bacon, tal como un padre se lo explicó a su hijo: la gallina se implica, aportando los huevos al plato pero, poniendo el bacon,

el cerdo se compromete.

Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Estas palabras son de San Juan, el discípulo amado de Jesús.


Jesús nos habla de dar la vida, pero también nos habla de la vida que Él nos trae, nos entrega: Yo he venido para que tengáis vida, y vida en abundancia...Yo soy el camino, la verdad y la Vida. Jesús, Tú nos das vida, vida en abundancia, la vida plena, eres la fuente y origen de toda vida, pero nos la das para entregarla a los demás.


Hay un ejemplo aplastante de esto: la Iglesia celebra continuamente el triunfo de innumerables mártires, mártires también hoy, mártires por la fe, en otros países, que mueren perdonando y con una enorme paz. ¿Cómo es posible? Sólo se entiende si Dios está detrás, llenándoles una vida sobreabundante.

Otro ejemplo, quizá un ejemplo más cercano a nosotros, es el de muchas personas que sufren una gran pérdida, y que sus vidas están también llenas de consuelo y de paz. ¿Cómo es posible, si no está Dios detrás?

Leí hace poco el testimonio de Gloria, que perdió a su marido por cáncer, con 50 años, a su madre a los 10 días, también de cáncer, y al poco tiempo, murieron una de sus hijas, de 10 años, y una hermana suya por un accidente de tráfico. Evidentemente, su dramática situación le empezó a afectar física y psíquicamente. Decía Gloria: "Estuve tres años de baja, no estaba bien. Cuando tocaba la revisión para incapacitarme de por vida pensé que no iba a trabajar más. Mi vida era ir a la cafetería a leer el periódico, ver escaparates… Han pasado varios años y, ahora, empiezo a ser más yo. No puede ser que Dios nos mande a la tierra para ser unos desgraciados. Yo soy feliz y tengo ilusión por ver a mis hijos crecer. Me reincorporé al trabajo, quería ser un buen ejemplo para ellos... No pido cuentas a Dios. Veo que cada persona es alguien que puede sufrir dolor, y eso hace que los quiera escuchar. Mucha gente me busca, porque se identifican conmigo en el dolor. Yo he sufrido acompañada por Dios y por mi familia, pero hay mucha gente que sufre sola... Estar cerca de Dios es lo que me ha salvado. Sé que no ha sido en vano".

En un libro llamado "Mujeres brújula en un bosque de retos" leí esta frase: «las cosas que hacemos para nosotros mismos desaparecen con nosotros; lo que permanece es lo que hemos conseguido hacer por los demás».

¿Qué hago de mi vida?


El Papa Francisco nos escribió cómo vivir la entrega radical propia del cristiano en la vida corriente: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: «No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso."

Son pequeños detalles, pero que pueden ser innumerables. El diente de león, al secarse, deja irse volando cada una de sus pequeñas semillas, pero a su alrededor brotará un campo de flores amarillas.

Cada uno puede ampliar su propia lista cotidiana de detalles que dejan huella y mejoran su entorno: ceder el paso con el coche en un cruce, dar las gracias en el paso de cebra al coche que para, decir algo amable a la cajera del supermercado, esperar al vecino para abrirle la puerta, interesarse por el mendigo, hacerse amigo del inmigrante, tener todos los días un detalle especial de cariño con la mujer o el marido, apagar la pantalla para escuchar a los demás, ofrecerse a ayudar al compañero de trabajo, disculpar a la persona que nos ha tratado de malas formas, etc.


María, maestra, aceptó que una espada traspasara su alma, y obtuvo convertirse en la bienaventurada entre todas las mujeres.

En Barbastro está el museo de los mártires claretianos, que murieron en la guerra civil perdonando a sus verdugos.. Su impresionante historia se cuenta en la película "Un Dios prohibido". En el museo este verano hice una foto a una poesía que escribieron poco antes de ser ejecutados en el envoltorio de una chocolatina:


¡Oh papel de chocolate!

por: Lamberto Picado, cmf.

¡Oh papel de chocolate..!

Eres un bosque talado...

¡cincuenta árboles caidos..!

¡Fina leña de calvario!

¡Cincuenta rios bien anchos

de sangre joven rodando!

¡Cincuenta firmas quue juran

la fe de cincuenta hemanos!

¡Qué acta martirial más corta!

iQué testimonio más largo!

Oh papel de chocolate.

Papel de estado -¡Sagrado!-

Bula de canonización

proceso fiel y firmado

por las cámaras vivientes

de cien ojos, que extasiados,

recogieron el milagro

de morir resucitando.

Oh papel de chocolate,

copa de vino rosado,

-repleta de vida y muerte

¡y de amor transfigurado..!

¡No hueles ya a chocolate!

Hueles a perdón, a canto,

a despedida, a familia,

a fe, a cielo, a adelanto

de eucaristia y de pascua

definitiva, en lo alto.

Oh papel de chocolate,

long play de cincuenta cantos

de una sola melodia

orquestada con disparos...

iQué gozo lglesia, estas voces!

Congregación, qué regalo...

¡Oh papel de chocolate!

En tan pequeño formato

eres libro de oración;

para el dolor, formulario;

para ei miedo valentía;

para la fe, diccionario;

para el perseguido acento;

para el decaído, brazos...

Oh papel de chocolate...

Museo vivo de hermanos:

¡Agui yacen vuestros restos.

vuestro gozo, vuestro canto,

vuestra esperanza, la gloria

y el temblor de vuestros rasgos.

¡Oh papel de chocolate!

¡Mausoleo Claretiano!








Desde la última festividad del Corpus Christi, de este año, al recoger el palio, descubrimos de una forma directa e inmediata, que necesitaba una buena reparación. El paso del tiempo, el desgaste de los dobleces había ido haciendo huella en la seda blanca, con bordados de rosas a mano. Yodo un trabajo de artesanía, que en la actualidad casi no es posible realizar. Por eso pensamos en reformarlo en nuestro taller. Habría que descoser a mano, puntada a puntada, todo alrededor. Cambiarle el forro, colocar uno de más cuerpo y mayor intensidad de color y ajustar luego el resto de flecos.

Después de unos meses de espera, se ha visto realizada esa tarea por mano de las señoras que habitualmente colaboran en las diversas tareas de la Parroquia, desde la limpieza, a la decoración y la liturgia. Dejamos las fotos para que se compruebe su quehacer artístico laborioso.

 
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