Retiro joven septiembre 2022




Ha llegado el frío, propio del otoño. Pronto veremos la caída de la hoja de los árboles, y cómo muchas plantas mueren. Es un ciclo que vemos repetirse todos los años, pero de gran belleza, porque sabemos que a la muerte natural le sigue un renacer de la vida en primavera, y lo comprobamos todos y cada uno de los años de nuestra vida.


Jesús, en el evangelio emplea esta imagen de la naturaleza: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. Dios, creador de la naturaleza, de las plantas, de las estaciones, nos muestra en el Evangelio, un nuevo sentido, que nos compromete.

Jesús, con esta frase del grano de trigo nos está describiendo lo que ha de ser nuestra vida, porque así ha sido la suya. Y nos compromete. Es conocida la diferencia entre implicarse y comprometerse según un plato de huevos con bacon, tal como un padre se lo explicó a su hijo: la gallina se implica, aportando los huevos al plato pero, poniendo el bacon,

el cerdo se compromete.

Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Estas palabras son de San Juan, el discípulo amado de Jesús.


Jesús nos habla de dar la vida, pero también nos habla de la vida que Él nos trae, nos entrega: Yo he venido para que tengáis vida, y vida en abundancia...Yo soy el camino, la verdad y la Vida. Jesús, Tú nos das vida, vida en abundancia, la vida plena, eres la fuente y origen de toda vida, pero nos la das para entregarla a los demás.


Hay un ejemplo aplastante de esto: la Iglesia celebra continuamente el triunfo de innumerables mártires, mártires también hoy, mártires por la fe, en otros países, que mueren perdonando y con una enorme paz. ¿Cómo es posible? Sólo se entiende si Dios está detrás, llenándoles una vida sobreabundante.

Otro ejemplo, quizá un ejemplo más cercano a nosotros, es el de muchas personas que sufren una gran pérdida, y que sus vidas están también llenas de consuelo y de paz. ¿Cómo es posible, si no está Dios detrás?

Leí hace poco el testimonio de Gloria, que perdió a su marido por cáncer, con 50 años, a su madre a los 10 días, también de cáncer, y al poco tiempo, murieron una de sus hijas, de 10 años, y una hermana suya por un accidente de tráfico. Evidentemente, su dramática situación le empezó a afectar física y psíquicamente. Decía Gloria: "Estuve tres años de baja, no estaba bien. Cuando tocaba la revisión para incapacitarme de por vida pensé que no iba a trabajar más. Mi vida era ir a la cafetería a leer el periódico, ver escaparates… Han pasado varios años y, ahora, empiezo a ser más yo. No puede ser que Dios nos mande a la tierra para ser unos desgraciados. Yo soy feliz y tengo ilusión por ver a mis hijos crecer. Me reincorporé al trabajo, quería ser un buen ejemplo para ellos... No pido cuentas a Dios. Veo que cada persona es alguien que puede sufrir dolor, y eso hace que los quiera escuchar. Mucha gente me busca, porque se identifican conmigo en el dolor. Yo he sufrido acompañada por Dios y por mi familia, pero hay mucha gente que sufre sola... Estar cerca de Dios es lo que me ha salvado. Sé que no ha sido en vano".

En un libro llamado "Mujeres brújula en un bosque de retos" leí esta frase: «las cosas que hacemos para nosotros mismos desaparecen con nosotros; lo que permanece es lo que hemos conseguido hacer por los demás».

¿Qué hago de mi vida?


El Papa Francisco nos escribió cómo vivir la entrega radical propia del cristiano en la vida corriente: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: «No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso."

Son pequeños detalles, pero que pueden ser innumerables. El diente de león, al secarse, deja irse volando cada una de sus pequeñas semillas, pero a su alrededor brotará un campo de flores amarillas.

Cada uno puede ampliar su propia lista cotidiana de detalles que dejan huella y mejoran su entorno: ceder el paso con el coche en un cruce, dar las gracias en el paso de cebra al coche que para, decir algo amable a la cajera del supermercado, esperar al vecino para abrirle la puerta, interesarse por el mendigo, hacerse amigo del inmigrante, tener todos los días un detalle especial de cariño con la mujer o el marido, apagar la pantalla para escuchar a los demás, ofrecerse a ayudar al compañero de trabajo, disculpar a la persona que nos ha tratado de malas formas, etc.


María, maestra, aceptó que una espada traspasara su alma, y obtuvo convertirse en la bienaventurada entre todas las mujeres.

En Barbastro está el museo de los mártires claretianos, que murieron en la guerra civil perdonando a sus verdugos.. Su impresionante historia se cuenta en la película "Un Dios prohibido". En el museo este verano hice una foto a una poesía que escribieron poco antes de ser ejecutados en el envoltorio de una chocolatina:


¡Oh papel de chocolate!

por: Lamberto Picado, cmf.

¡Oh papel de chocolate..!

Eres un bosque talado...

¡cincuenta árboles caidos..!

¡Fina leña de calvario!

¡Cincuenta rios bien anchos

de sangre joven rodando!

¡Cincuenta firmas quue juran

la fe de cincuenta hemanos!

¡Qué acta martirial más corta!

iQué testimonio más largo!

Oh papel de chocolate.

Papel de estado -¡Sagrado!-

Bula de canonización

proceso fiel y firmado

por las cámaras vivientes

de cien ojos, que extasiados,

recogieron el milagro

de morir resucitando.

Oh papel de chocolate,

copa de vino rosado,

-repleta de vida y muerte

¡y de amor transfigurado..!

¡No hueles ya a chocolate!

Hueles a perdón, a canto,

a despedida, a familia,

a fe, a cielo, a adelanto

de eucaristia y de pascua

definitiva, en lo alto.

Oh papel de chocolate,

long play de cincuenta cantos

de una sola melodia

orquestada con disparos...

iQué gozo lglesia, estas voces!

Congregación, qué regalo...

¡Oh papel de chocolate!

En tan pequeño formato

eres libro de oración;

para el dolor, formulario;

para ei miedo valentía;

para la fe, diccionario;

para el perseguido acento;

para el decaído, brazos...

Oh papel de chocolate...

Museo vivo de hermanos:

¡Agui yacen vuestros restos.

vuestro gozo, vuestro canto,

vuestra esperanza, la gloria

y el temblor de vuestros rasgos.

¡Oh papel de chocolate!

¡Mausoleo Claretiano!