Retiro joven septiembre



Retomamos el «Ven y verás», palabras, en singular, que Jesús dirigió a dos jóvenes, Andrés y Juan, una tarde que cambió sus vidas. Nosotros también tenemos que invitar a otros a que vengan junto a Jesús, y entonces vean.

Pero quería fijarme en que don José Antonio lo llama el “retiro joven”. Uno me dijo que veía este retiro “joven” en sentido «amplio»… Vamos hoy a meditar sobre la juventud, en el sentido que Francisco dice en Christus vivit: “más que una edad es un estado del corazón”.

Quizá recordéis a Leopoldo Abadía, el profesor jubilado que explicó con palabras sencillas la crisis económica como la crisis ninja. Ahora, con más de ochenta años sigue escribiendo libros, llenos de sentido común y enseñanzas sobre la vida. Estos días de atrás leí uno de sus últimos libros, titulado «Yo de mayor quiero ser joven: reflexiones de un chaval de 82 años». Y allí dice: «El ser chaval no tienen nada que ver con lo pone en el DNI. Tiene que ver con la alegría, la ilusión, las ganas de trabajar, las ganas de ayudar con la sonrisa a que los demás sean felices».

Esta juventud, como capacidad de ilusionarse, creo que es de las pocas cosas que Dios nos pide que pongamos, para Él actúe en nuestra vida. Decía un santo que cuando él descubrió la misión que Dios le encargaba sólo tenía 26 años, gracia de Dios y buen humor. ¿Y por qué elige Dios en la Biblia a tantos cuando son jóvenes? El patriarca José, el juez Gedeón, el profeta Samuel, los reyes David y Salomón... ellos se ven incapaces por su corta edad. Jesús elegirá también a jóvenes para ser sus apóstoles, incluso al apóstol Juan siendo adolescente. ¡Y Dios elegirá para la mayor misión hasta a una Niña!

Me parece que Dios elige a jóvenes porque sus sueños son más grandes que sus capacidades. Y Dios espera que esa diferencia confiemos para que Él la rellene.

Leemos en Mateo 20: Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Por cierto, en Santiago de Compostela vi la semana pasada una imagen de esta mujer, Santa Salomé. Si es santa señal que no lo hizo tan mal.

El domingo pasado también leíamos en el Evangelio de la misa una discusión sobre lo mismo: quién sería el primero de ellos en el Reino de los Cielos. ¡Son jóvenes llenos de aspiraciones! Y Jesús quiere, necesita, esa juventud, para después proponer algo más grande aún. Y Jesús nos pregunta: ¿Estás dispuesto a soñar cosas grandes?

Decía también el papa Francisco a los jóvenes: “Debes descubrir quién eres... Convertirse en santo es llegar a ser más plenamente tú mismo, el que Dios quiso soñar y crear... Tu vida debe ser un estímulo profético que sirva de inspiración a los demás, que deje una marca en este mundo, esa marca única que sólo tú puedes dejar”.

Una vez me contaron sobre una personalidad relevante en España, empresario, gran profesional con diversos premios y reconocimientos. A esta persona fuera de su ámbito profesional no le gustaba significarse, ni en el ámbito político ni en el religioso, por su cargo de representación institucional. Pero sí accedió a participar en una actividad de una universidad privada concreta. Y explicó que asistía porque le había invitado una persona muy importante para él, porque cuando él era pequeño, y vivían en su familia sin apenas recursos económicos, había sido su monitor en unas actividades deportivas organizadas para chicos en situación desfavorecida. Este monitor ofreció a sus padres darle a él clases particulares sin cobrarles nada, porque veía en él, todavía niño, muchas capacidades. Así, aquella persona cambió la historia de este chico, y este chico preside todavía hoy una fundación que dona muchos millones a gente desfavorecida.

Debemos soñar siempre con mejorar el mundo, mejorar a los que están a nuestro alrededor, mejorarnos a nosotros mismos. Ser joven es soñar con que siempre podemos favorecer a los demás de alguna forma: con nuestras ganas de trabajar, como dice Abadía, o al menos con nuestra sonrisa. Y hoy hay muchos jóvenes ya ancianos, porque no tienen ideales, ni sueños. Un corazón viejo se lamenta: «¡Qué mal está el mundo!»; un corazón joven se enciende: «¡Hay que cambiarlo!». Si dejas de soñar con seguir aportando entonces Dios no podrá contar contigo.

Todo esto suena bonito, ¿pero cómo hacerlo, tal como está el panorama, o con el carro de años, y de palos a veces, que uno lleva encima? Sobre esto un sabio le preguntó una vez a Jesús: si acaso le era posible a un anciano rejuvenecer, y Jesús le contestó que esa juventud sólo viene de lo alto. Es lo mismo que viene recogido en Christus vivit, la exhortación que el Papa dirigió a los jóvenes, y que empieza diciendo: VIVE CRISTO, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida... Jesús ha resucitado y nos quiere hacer partícipes de la novedad de su resurrección. Él es la verdadera juventud de un mundo envejecido, y también es la juventud de un universo que espera con «dolores de parto» (Rm 8,22) ser revestido con su luz y con su vida. Cerca de Él podemos beber del verdadero manantial, que mantiene vivos nuestros sueños, nuestros proyectos, nuestros grandes ideales, y que nos lanza al anuncio de la vida que vale la pena... La Iglesia es joven cuando es capaz de volver una y otra vez a su fuente...

Miremos a Cristo en la Custodia: bebamos del único manantial de eterna juventud.

Un cartujo contaba que sus Reglas les mandan, al levantarse, saltar de la cama como si hubiera fuego en ella. iBonita oración de la mañana, este brinco animoso, que despabila los sentidos y despierta el corazón! Te gusta, Señor, ver a tus hijos arrancarse de la tibieza de las sábanas con un tirón resuelto y alegre, que es todo un ofrecimiento de obras. Te gustan la actividad decidida y el ritmo deportivo de una Vida cristiana; empezando, cada día, con este pequeño gesto de valentía que te llena de gozo. ¡Pequeño gesto importante, Señor! Porque es dedicarte el primer acto consciente de la jornada que nos das. Porque en la primera acción de gracias por el primer don del nuevo día. Porque es un grito de servicio, con un afán de no quedarse con nada, de ofrecértelo todo. Porque las horas que seguirán estarán consagradas y ofrecidas por esta entrega matutina. Porque, luego, no habrá más que recordarte que sí, que te lo hemos dado todo, que no nos volvemos atrás.

Yo te pido Señor que mantenga siempre esta mentalidad de estreno, porque está llena de optimismo, de esperanza y de juventud. Que yo despierte, Dios mío, cada mañana, con la ilusión deportiva de una carrera que empieza. Porque Tú estás al final de cada hora sosa y de cada hora alegre. Y vale la pena sonreírte mientras ando de la mano contigo. Porque Tú me señalas el sendero, el humilde y extraño sendero de cada minuto, y sé que has puesto mucho amor al trazarlo para que yo pusiera mucha ilusión en seguirlo.

Le pedimos también la juventud del alma a esa niña encantadora elegida para ser la Madre de Dios, María. Se cuenta que le preguntaron a Miguel Ángel, acerca de la imagen de La Pietá, del porqué del rostro de la Madre tan joven como del del Hijo, y el artista respondió: “Las personas enamoradas de Dios no envejecen nunca".