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Retiro joven octubre 2022


Es muy citada la conversación de Alicia en el País de las Maravillas:

-¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?

-Depende mucho del punto adonde quieras ir.

-Me da casi igual dónde.

-Entonces no importa qué camino sigas.


Es cierto que nunca hemos tenido más posibilidades que ahora de viajar, de estudiar, de cuidar la salud, etc. ¡La tecnología nos permite hacer tantas cosas! Pero como decía alguien, vivimos en una sociedad rica en medios, pero pobre en fines. ¿Cuál es la meta de nuestra vida?


En una viñeta de Mafalda hay un accidente de tráfico donde un coche se estrella por exceso de velocidad: "otro que quería comerse el mundo", comenta Mafalda. No somos pollos sin cabeza, necesitamos saber a dónde vamos, tener una meta, una esperanza que nos haga resistir frente a los obstáculos. Todos estamos de acuerdo. Pero ¿cómo saber cual es la meta acertada? El autor ateo Bertrand Russell dijo una frase que en nuestra época tiene poca aceptación, excepto para los creyentes. Dice: "A menos que se dé por hecho la existencia de Dios, la búsqueda del propósito de la vida no tiene sentido". Como en nuestra época se nos adoctrina con el individualismo, esta idea no se acepta. ¿Qué quiero ser? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Cuáles son mis metas, mis anhelos, mis sueños para el futuro? El individualismo propugna que cada uno debe encontrar su propio sentido a la vida, y esta idea nos atrae con gran fuerza, pero es tremendamente engañosa. Contrario a lo que dicen muchos libros conocidos y películas, no encontramos el sentido de la vida buscando en nosotros mismos.


Hay muchos libros que sugieren maneras de descubrir el propósito de la vida. Todos podrían ser clasificados como libros de "autoayuda" porque hablan del tema desde un punto de vista egocéntrico. Libros de autoayuda, incluyendo cristianos, generalmente ofrecen los mismos pasos predecibles para encontrar el propósito de la vida: Considera tus sueños. Clarifica tus valores. Fija algunas metas. Date cuenta qué es bueno. Trata de lograr grandes cosas. ¡Empieza! Sé disciplinado. Confía en que puede lograr sus metas. Envuelve a otros. Nunca te des por vencido. En efecto, estas recomendaciones muchas veces producen un gran éxito. Podemos generalmente tener éxito en realizar una meta si nos proponemos hacerlo. ¡Pero ser exitoso y cumplir el propósito de la vida no son la misma cosa en absoluto! Podemos lograr todas nuestra metas personales, tener un éxito rotundo de acuerdo a los ojos de los demás, y, aún así, no encontrar los propósitos para los cuales Dios nos creó. Necesitamos más que consejos de autoayuda.

Muchas personas tratan de usar a Dios para lograr su propia autorrealización, pero eso es poner la naturaleza al revés y está destinado al fracaso. Hemos sido hechos para Dios, no viceversa, y la vida es acerca de permitir que Dios nos use a nosotros para Sus propósitos, no que nosotros lo usemos a Él para sus propósitos.


¿Cómo descubrimos el propósito para el que fuimos creados? Una vez dos excursionistas iba por el campo, tenían que atravesar unas montañas para llegar a su destino. Iban siguiendo el mapa que llevaba uno de ellos. En un momento se encontraron con un lugareño que se conocía muy bien el camino, pero que variaba respecto al mapa. Les explicó que aquel mapa debía ser viejo, que había otro camino mucho más directo, y se ofreció a seguirles. Pero el poseedor del mapa no se fió, prefería seguir su mapa. Y los dos excursionistas se separaron. El lugareño y el que le acompañó llegaron fácilmente a destino. Del otro excursionista no se volvió a saber.

¿Entonces, cómo descubrimos el propósito para el que fuimos creados? Sólo tenemos dos opciones. La primera opción es la especulación. Esto es lo que la mayoría de los individuos escogen. ¿Para qué estoy aquí en la tierra? Se hacen sus conjeturas, se hacen sus suposiciones, se hacen sus teorías. Por miles de años, brillantes filósofos han discutido y especulado acerca del significado de la vida. Dichosamente, existe una alternativa a la especulación sobre el significado y el propósito de la vida. Es la revelación. Podemos descubrir lo que Dios ha revelado acerca de la vida en su Palabra. La manera más fácil de descubrir el propósito de un invento es preguntarle a su creador. Lo mismo es verdad para descubrir el propósito de tu vida: pregúntale a Dios. Dios no nos ha dejado en la oscuridad para que andemos con dudas y en incertidumbre.


El Evangelio, como hacen otros libros, no trata de cómo hacer cosas para triunfar. Al contrario, enseña cómo hacer menos en la vida, enfocándose en lo que más importa. Es acerca de llegar a ser lo que Dios quiere que seamos.

San Pablo escribió a los colosenses la siguiente frase: "en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; todo fue creado por medio de él y para él" (Col 1, 16). ¿Acaso nos hemos creado a nosotros mismos? Por eso, no podemos decirnos para qué fuimos creados. Sólo nos lo puede decir el creador. Hemos sido creados por Dios y para Dios, es la gran luz de nuestra fe. Como los excursionistas, no podemos llegar a la conclusión de nuestro exitir centrándonos en nosotros mismos. Sólo en Dios encontramos nuestro origen, nuestra identidad, nuestro sentido, nuestro propósito, nuestro significado y nuestro destino.

Para descubrir nuestro propósito en la vida tenemos que dirigirnos a la Palabra de Dios, no a la sabiduría del mundo, a la oración, no a la psicología popular. Dios "nos escogió en El antes de la fundación del mundo" (Ef 1, 4), escribe san Pablo a los efesios. Mucho antes que oyéramos de Cristo por primera vez y empezáramos a tener esperanza, él tenía sus ojos puestos en nosotros.

Por tanto, descubrimos nuestra identidad y nuestro propósito a través de la relación con Jesucristo. ¡Él planeó nuestro propósito antes de que existiéramos y sin nuestras sugerencias! Podemos escoger carrera, cónyuge, pasatiempos y muchas otras partes de la vida pero no tenemos la opción de decidir nuestro propósito. Y el propósito de nuetra vida cabe en un propósito cósmico más amplio que Dios ha diseñado para el resto de la eternidad.

Alguna vez todos nos sentimos en la oscuridad acerca de nuestro propósito en la vida. Es un momento de suerte, porque entonces estamos más cerca de descubrir algo mucho más grande que nosotros mismos.


Ante tu presencia, Señor, me doy cuenta: todo tuvo su comienzo en Ti y encuentra su propósito en Ti. Ayúdame a recordarme muchas veces que la vida es en realidad acerca de vivir para Ti y no para mí mismo.

María Santísima, sólo Tú dijiste "he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra".

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