Retiro joven mayo




Estos días del mes de mayo estoy escuchando a los niños pequeños cantar la canción que dice: «Tengo en casa mi mamá, pero mi mamá son dos, en el Cielo está la Virgen, que es también mamá de Dios».


Los hijos olvidamos con frecuencia cuánto hace una madre por nosotros.


Circula este texto por internet: Mi querida hija: El día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme. Si cuando hablo contigo repito lo mismo mil veces no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste”, solamente escúchame por favor; y recuerda los tiempos en que tú eras una niña y yo te leía la misma historia noche tras noche hasta que te quedabas dormida. Cuando no me quiera bañar, no me regañes... solamente recuerda las miles de veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que tú te bañaras cuando eras una niña. Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología dame el tiempo necesario para aprender y por favor no me pongas esos ojos ni esa cara de desesperada. Recuerda, mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas, como a comer apropiadamente, cómo vestirte y peinarte por ti misma, y cómo afrontar y lidiar con la vida. El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, mi querida hija, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo no te pongas nerviosa o impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es simplemente estar contigo y que me escuches. Y cuando mis cansadas y viejas piernas no me dejen caminar como antes, dame tu mano…. De la misma manera que yo te la di a ti cuando diste tus primeros pasos... No te debes sentir triste o impotente de verme así, solo te pido que estés conmigo, que trates de ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor y un gran agradecimiento por el regalo de tiempo y vida que tuvimos la dicha de compartir juntas. Te lo agradeceré con una sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido. Te amo mi querida hija. Tu madre.


¡Cuánto debemos a nuestra madre! Hoy, Jesús, queremos pedirte por todas las madres, heroínas de las de verdad. Queremos aprender de ti a querer a nuestras madres, como Tú querías a la tuya. Ella era lo más querido para ti, y también olvidamos que es madre nuestra.

Hace dos o tres años en el periódico ABC apareció la siguiente noticia:

Hace un par de días una mujer japonesa se acercó al Museo del Prado y se dirigió a las salas de Murillo buscando un cuadro en concreto. Se trataba de una "Inmaculada Concepción", pero no cualquiera de la veintena que pintó el genial sevillano, todas ellas representando a la Virgen vestida de blanco y azul, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho, pisando la luna y mirando al cielo.

Ella buscaba, precisamente, "La Inmaculada del Escorial", un gran óleo pintado por Murillo hacia 1660-1665, una de las versiones más emotivas que pintó en su carrera. La mujer preguntó a los vigilantes de sala y le comentaron que no se hallaba expuesta por encontrarse en el taller de marcos pasando una puesta a punto.

Para sorpresa de los vigilantes, nuestra protagonista se puso a llorar desconsoladamente, así que decidieron llamar a Minako Wada, restauradora de papel de la pinacoteca, que es japonesa. Cuando acudió a la sala su compatriota le explicó que en 2006, en Osaka, había visitado una exposición de obras de El Prado, y tras dos horas de cola pudo contemplar la "Inmaculada del Escorial", que le sacudió por dentro.

Por entonces, se hallaba destrozada, porque la vida le había golpeado muy duro y ya no tenía ganas de continuar, pero pensó que si en este mundo hay cosas tan hermosas como ese cuadro, merecía la pena seguir viviendo. Aquella "Inmaculada" de Murillo le produjo tal emoción que le dio fuerzas para no tirar la toalla. Ahora ha viajado a Madrid y quería volver a ver aquel cuadro que le cambió la vida, de ahí sus lágrimas.

Afortunadamente, el Director del museo, Miguel Falomir, pasaba por las salas y fue informado de lo que acababa de suceder. Inmediatamente ordenó que se permitiera a esta mujer el acceso al taller de marcos para que volviera a ver aquella pintura de la Inmaculada que había dado tal giro a su vida. Uno recuerda las palabras de Dostoievski: “la belleza salvará al mundo”. Pero no cualquier belleza, la que nos introduce, como este cuadro, en el Misterio que ha hecho el mundo y que lo ha redimido. La historia la ha contado Natividad Pulido en ABC.


Este cuadro todos lo conocemos. Es encantador, con esa cara de niña de la Virgen. Y quería hacer mención a porqué fue Murillo el primero que representó a la Inmaculada de blanco y azul y, relacionado con ello, recordar la historia de una Virgen de aquí, de Guadalajara.


Allá por el siglo XV la reina Isabel de Portugal (esposa de Juan II de Castilla y madre de Isabel la católica), tuvo celos de una de sus damas, de gran belleza, porque el rey la miraba con exceso. Por eso, la encerró durante días en un baúl cerrado a cal y canto. Allí, se le apareció la Virgen para decirle que todo saldría bien, y que cuando saliera fundara una orden (las Concepcionistas Franciscanas). Esta dama, conocida como Santa Beatriz de Silva, contaría que la Virgen se le había aparecido con túnica blanca y manto azul, por eso visten así las monjas de esta congregación, como las que están aquí en Guadalajara en el convento del Carmen, y por eso así pinta Murillo a la madre de Cristo.

Además, en el convento del Carmen murió y está enterrada Sor Patrocinio, conocida como "la monja de las llagas". Al año y media de profesar como concepcionista también tuvo una aparición de la Virgen. Era la época de la desamortizacíon de Mendizábal y su comunidad se vio despojada de su convento en que vivían en Madrid.

Al abandonar el convento Sor Patrocinio se llevó consigo una pequeña imagen de Nuestra Señora que había aparecido milagrosamente tras la aparición. Esta pequeña imagen siempre la acompañó, hasta su muerte en el convento de Guadalajara, y hoy preside el retablo de la iglesia del Carmen.


Me parece interesante que los guadalajareños conozcamos las promesas de la Virgen a Sor Patrocinio:

1ª.-En tus manos voy a poner esta sagrada imagen y con ella todas las misericordias de mi Santísimo Hijo.

2ª.-Ha vinculado al Señor esta portentosa imagen al alivio, consuelo y remedio de todos, y la alegría de la Iglesia católica.

3ª.-Al alma, que rendida a sus pies, me pidiera alguna gracias, jamás se le negará mi amor.

4ª.-Cualquier población que expusiese y venerase a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias se verá libre de las calamidades con que en otros puntos serían poblados, porque sería Ella como un pararrayos de la Divina Justicia, Arca de Noé y Refugio para a librar sus devotos.


Si es fácil olvidar los desvelos de una madre por nosotros más lo es con nuestra Madre del Cielo. Incluso para algunos no es apropiada tanta atención a la Virgen. Tal era el caso de una pareja de recién casados, cristianos protestantes, que decidieron ir de viaje de novios un mes a Calcuta a estar con la Madre Teresa. Estuvieron trabajando con ella y cuando se volvían, ya muy contentos, se despidieron. El marido le agradeció a la Madre Teresa todo lo que había hecho por ellos y le dijo que los católicos y los protestantes coincidían prácticamente en todo, pero no entendía la devoción a la Virgen. La Madre Teresa simplemente les contestó: "sin María no hay Jesús". El matrimonio se fue y por Navidad escribieron una postal a la Madre Teresa felicitándole la Navidad y diciéndole que se habían hecho católicos, y terminaban la postal con la frase "sin María no hay Jesús".

Hoy Jesús queremos pedirte por nuestros padres. Ante ti y ante tu Madre queremos rendir un homenaje a la maternidad y para ello queremos aprender de ti. Una vez llegaste a una ciudad llamada Naim y te conmoviste porque a una una viuda se le había muerto su único hijo. Y tú, como se suele decir, "sin que nadie te diera vela en ese entierro", solamente porque amor a esa madre, resucitaste a su hijo. Poco tiempo después, ¡casualidades de la vida! se repitió la situación, pero en este caso la viuda era María y su único hijo eras Tú mismo. Y al ver a tu Madre en ese dolor se te parte el corazón, antes aún de recibir la lanzada. Y a penas sin poder hablar, le dices a Juan, y a mí, y cada uno de nosotros: "Ahí tienes a tu Madre" (Jn 19, 26).


Jesús, no te preocupes, desde ahora querré a María como a mi propia madre, y a mi madre como Tú quieres a María.