Retiro Joven de Junio 2021




Michael Ende es conocido a nivel mundial principalmente por dos obras de fantasía: Momo y La historia interminable. En Momo cuenta la historia de una niña que su principal cualidad es sabes escuchar a los demás. Y tiene que enfrentarse a la llegada de los hombres grises. Estos son unos personajes siniestros que aconsejan a la gente que se dedique sólo a actividades que les proporcionen rentabilidad; pero realmente lo que hacen ellos es robar el tiempo de las personas. Uno de ellos le dice a Momo: ¡Ah, no sabéis lo que significa vuestro tiempo!… Pero nosotros lo sabemos y os lo chupamos hasta la piel… Y necesitamos más… Cada vez más… Poco a poco toda la sociedad se va contagiando con la mentalidad de los hombres grises y “nadie quería darse cuenta de que su vida se volvía cada vez más pobre, más monótona y más fría".

Dirá luego un personaje clave de la novela: “todo el tiempo que no se percibe con el corazón está tan perdido como los colores del arco iris para un ciego o el canto de un pájaro para un sordo”.

Me parece que hoy en día es muy importante que detectemos nuestros ladrones de tiempo. El tiempo es una de las cosas más valiosas que Dios nos concede, que pone en nuestras manos cada día, pero que es limitado.

Lo contaba una chica que fue a un campo de trabajo para arreglar viviendas de gente con pocos recursos. Allí conoció a un anciano que le dejó una gran enseñanza; él les estuvo contando sobre su vida cargada de experiencias y sobre todo les habló de su esposa, que había muerto hacía varios años. Contó cómo ella se quedaba despierta hasta las primeras horas de la madrugada para hornear el pan del día siguiente, mientras que él, por lo general cansado después de un largo día de enseñanza o de caza, se iba a dormir. Y ahora se preguntaba: “¿Por qué no me quedé despierto junto a ella? ¿Por qué no pude aprovechar ese tiempo adicional? ¿Por qué?” El dolor de aquel hombre se le quedó grabado a esta chica, la marcó para aprovechar al máximo su vida, para aprovechar ese tiempo adicional junto a los que amaba.

Tenemos un ladrón de tiempo muy peligroso: el afán por la propia comodidad. Ahora, más aún con las tecnologías, no llenamos el tiempo, lo rellenamos, con actividades superficiales y vacías que no nos aportan ninada nos acercan a los demás.

Tuve la suerte de estar en 2016 en la JMJ de Cracovia, y allí el Papa Francisco quiso despertar a los jóvenes de la forma de vida que les oferta esta sociedad: una parálisis muy peligrosa, muchas veces difícil de identificar, y que hace confundir, decía, la «felicidad» con un «sofá-canapé». Es cierto que la comodidad cuántas veces nos adormece y dificulta aprovechar el tiempo. Y perdemos horas y horas ante la televisión, internet o el móvil. Como decía el Papa: para muchos es más fácil y beneficioso tener a jóvenes embobados y atontados que confunden felicidad con un sofá. Todos de alguna forma quedamos sometidos a esta vida de consumo, que poco a poco nos esclaviza, mientras otros —quizás los más vivos, pero no los más buenos— deciden el futuro por nosotros. Pero, les recordaba a los jóvenes, Jesús es el Señor del riesgo, es el Señor del siempre «más allá». Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad.

Nos gusta la comodidad, es lógico, para poder recuperar fuerzas, y para descanso de los nuestros, pero no hemos nacido para la comodidad, para vegetar, sino para la grandeza, para dejar huella, capaces de contagiar alegría, esa alegría que nace del amor de Dios, dice Francisco, la alegría que deja en tu corazón cada gesto, cada actitud de misericordia. Ir por los caminos siguiendo la «locura» de nuestro Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el que está preso, en el prófugo y el emigrante, en el vecino que está solo. Ir por los caminos de nuestro Dios que nos invita a ser actores políticos, pensadores, movilizadores sociales. Que nos incita a pensar en una economía más solidaria que esta.

¡Abre los ojos, mira a tu alrededor, hay tanto que hacer! Y Dios nos impulsa a acabar con nuestras parálisis: con aquello que hacemos porque todo el mundo lo hace, o porque es lo más fácil... Como también decía Benedicto XVI: "Dios nos muestra la senda que lleva hacia las cosas grandes, hacia el bien, hacia una vida humana auténtica" (Benedicto XVI, Discurso a los peregrinos alemanes, 25 abril 2005).

A veces tenemos que comenzar por vencer la pereza para cuidar la salud. Decía Jordan Peterson en su libro “12 reglas para vivir”, que "a las personas se les suele dar mejor gestionar las recetas médicas de sus mascotas que las suyas propias... ¿Qué le puede pasar a la gente para preferir antes a sus animales de compañía que a sí misma?". Quizá lo primero que tenemos para cuidar nuestra salud es dormir más, y apagar antes esos ladrones de tiempo que son la televisión y las pantallas, aunque el consumo de luz sea más económico por la noche. Quizá tenemos que empezar por hacer caso en serio al médico, o hacer deporte, o salir a la naturaleza, etc.

Descuidar la salud es descuidar los dones que Dios nos da, y cuando Dios nos da dones es para dar fruto y amar a los demás. Y como decía un santo: “verdaderamente es corto nuestro tiempo para amar”.

Había un anuncio de coches Mercedes con el siguiente mensaje: «Supongamos que cada mañana te encuentras 1.440 euros. Puedes regalarlos, divertirte con ellos o quemarlos. Pero los que no uses al final del día desaparecerán. Así funciona la vida, la diferencia es que lo que te encuentras cada mañana no son 1.440 euros, sino 1.440 minutos».

No sabemos cuánto tiempo tenemos, ni cuánto tiempo tenemos a los demás con nosotros. El Papa nos habla de salir hacia el amigo caído en desgracia, que puede ser también llamar a ese familiar al que podemos ayudar, es cuidar a los padres o abuelos, es quedar con aquellos amigos que tenemos un poco olvidados.

El tiempo mejor aprovechado es el tiempo dedicado a amar, y también el tiempo dedicado a este Dios que es Amor. Al final no es un problema de escasez de tiempo, sino un problema de orden, de prioridades. A todos nos pasa: nunca nos cunde tanto el tiempo como cuando no lo tenemos, cuando tenemos exámenes o tenemos que acabar un trabajo urgente.

Perdona, Dios mío, porque no tengo tiempo para ti, siempre estoy muy ocupado, aunque no siempre en cosas importantes. Perdona porque olvido que el mejor modo de aprovechar el tiempo es amarte a ti y amar a los demás. Como decía el personaje de Momo:“el tiempo que no se percibe con el corazón está tan perdido como los colores del arco iris para un ciego o el canto de un pájaro para un sordo”.

Virgen María, a ti acudimos, porque tú nos diste la clave para saber priorizar nuestra actividad: “Haced lo que Él os diga”.